Por: Carlos Lima*

El fin de semana pasado decidí conocer el Centro Ceremonial Otomí, en el municipio de Temoaya, Estado de México, construido en 1980. Es un espacio que deben conocer.

Intenté visitar el Cosmovitral, pero desafortunadamente estaba cerrado, así que termine en San Mateo Atenco, y constaté lo que puede hacer hoy el streaming en cuanto a éxito. Y aquí hago un paréntesis para señalar, que el 17 de septiembre lanzaron la serie «El juego del calamar», y llevamos en este espacio tres semanas escribiendo sobre Corea y esta serie.

Encontré en San Mateo Atenco, un lugar que ha crecido por el prestigio construido alrededor de los muchos fabricantes y mercados de calzado, que se ha acreditado por el turismo comercial asiduo, que disfruta los diferentes atractivos como el gastronómico y la ropa que venden, pero también hay artesanías y manualidades.

Mi sorpresa fue enorme cuando encontré infinidad de productos manuales y artesanales inspirados en esta serie de Netflix «El juego del calamar». Esto es lo que sucede cuando un producto «pega», es popular, es famoso, y la ventaja de los servicios de demanda provoca un efecto masivo absoluto, pues la serie ya está a la venta hasta en memoria USB o DVD mediante la piratería.

No podría tener un comparativo como el que provocó la televisión o la radio en el momento cumbre de cada medio, lo que sí pude comprender es el efecto social en el que no quieres quedar fuera de la conversación, pues los memes, videos, parodias, juegos, todos refieren a dicha serie.

Netflix ha cubierto todos los medios, pues hasta en radio hay un spot donde se hace comparativo con el tradicional audio del vendedor de gas, versus el Juego del calamar, haciendo ver a la audiencia que ambos audios, e incluso el último, es más popular en las audiencias.

Las industrias creativas son vivas y se transforman, se nutren, se alimentan de lo que está en tendencia, en boga; que es popular, masivo, que se mueven y por eso son vivas, se alimentan, y de allí la importancia de que un país genere contenidos, que son vanguardistas e innovadores, que las políticas públicas los fomenten y generen ahorro.

*Carlos Lima es productor musical, investigador sobre la preservación del patrimonio cultural, derechos humanos y culturales, Síguelo en: 🐦@charlylima

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