El Juego del Calamar y el fenómeno de Corea, mucho más que moda

Por: Carlos Lima*

En días pasados me atrapó una serie en Netflix llamada «El juego del calamar» (Hwang Dong-hyuk, 2021). Podría hablar de la serie, los recursos con los que desarrollaron la producción, los actores, la interpretación, el guión, pero hay algo que va más allá y es el espectacular lugar que está ocupando en la escena mundial los contenidos de Corea del Sur, la preponderancia que están jugando las industrias creativas de ese país.

No solo están generando series para el streaming, son muchísimas las que además están en el gusto de las audiencias, melodramas que muestran la forma de vivir, desarrollo, cultura, turismo, política, sociedad y educación, también está la música, con el denominado K-Pop.

¿Cómo sucedió esto? En los 90’s, el gobierno de Corea generó una ley de promoción cultural que derivó en inversiones, políticas de desarrollo, planes de estudio, incentivos, estímulos fiscales, inversión; comprendieron que si se ponía énfasis en la generación de contenidos, automáticamente ganarían inversiones en diversos rubros como el turismo, educación, tecnología, ciencia, desarrollo, deporte, gastronomía, atrayendo además comercio en general, para atender las demandas de consumo.

Pero además, permitiendo que los productos originales se reposicionen en el mundo, cuando en México se hizo un melodrama sobre el café o el tequila, se genera el consumo del bien económico o cultural en el mundo, se refrenda el turismo de procedencia, se generan las rutas del tequila, mezcal, café, cacao; lo mismo ha pasado con Corea.

En 2008 los melodramas coreanos aportaron 9 mil 500 millones de dólares a la economía de ese país, incrementan el PIB, convierten al país en rentable, interesante; pone a las juventudes a trabajar, a estudiar, a aspirar a una mejor condición de vida cuando se garantizan los derechos culturales, cuando se invierten los recursos de la prevención en incentivos y estímulos, las cosas cambian.

En tanto en México no se busque integrar las industrias creativas, estimularlos, garantizar el acceso a los bienes culturales para generar contenidos, los artistas y creadores migran a países con mejores condiciones para que administren su patrimonio.

Baste ver los ejemplos de Juan Gabriel, José José y Joan Sebastián, que murieron y sus creaciones se defienden bajo las leyes del Gobierno de Estados Unidos.

Marco Antonio Solís, Pepe Aguilar, Alejandro Fernández, Pedro Fernández; grupos como Intocable, Huracanes del Norte, Tigres del Norte, encuentran oportunidad para establecer sus empresas y patrimonio en estados de la Unión Americana como California, pues les favorece las condiciones políticas, la sensibilidad de los administradores públicos, de los altos funcionarios; llama, atrae, los jala, entonces en México consumimos lo que gana Estados Unidos.

Sirva pues el ejemplo Coreano para ponernos las pilas, atraer estrellitas. Solo que para eso necesitamos instituciones fuertes y controles de confianza de servidores públicos, eficientes y eficaces, capacitados y sobre todo, sensibles.

*Carlos Lima es productor musical, investigador sobre la preservación del patrimonio cultural, derechos humanos y culturales. Síguelo en: 🐦@charlylima

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