Por: Carlos Lima*

Los pasados 11 y 12 de septiembre se conmemoraron los 50 años de la realización del Festival «Rock y ruedas de Avándaro». Hubo muchos eventos, algunos frustrados, otros a medias y muchos más que aún continúan como los conversatorios en la UNAM, que terminan el 30 de septiembre.

Cabe mencionar que faltó algo muy importante, el reconocimiento del Estado al único festival de México que histórica y exclusivamente tocó música compuesta, producida y ejecutada por mexicanos. ¡De eso nadie ha hablado! las sociedades de gestión colectiva como la ANDI, SACM, EJE, brillaron por su ausencia, y el Estado Mexicano, en particular la oficina de INDAUTOR, dejó pasar una oportunidad única.

Si bien el Estado, el sistema, el PRI, hay que decirlo con todas sus letras, persiguió a los jóvenes; los etiquetó, estigmatizó, inhibió el desarrollo de las manifestaciones artísticas y culturales, bloqueó a los que participaron en el Festival de Avándaro, este es el único festival mexicano que no utilizó covers o música de otros países.

De allí debe partir un análisis que no ha existido.

Ricardo Ochoa Munguía (Peace and Love), compositor, director, productor, guitarrista y un gran valor de la música, ha defendido esta reflexión que no es menor. Difícilmente encontraremos algo que sea similar. No tengo datos específicos de si el festival OTI (famoso en los 70’s 80’s) solo pedía compositores mexicanos, pero este festival tuvo al menos 150 canciones de artistas, músicos, compositores e intérpretes mexicanos.

¡Avándaro no se repetirá!

No sé volverá a ver un encuentro con esta conciencia nacionalista de incentivar las industrias creativas de México por dos razones de peso: Una, el TEMEC (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá), que nos pone en desventaja en muchos sentidos pues todas las plataformas de exposición digital son extranjeras y se someten a reglas que no favorecen el juego para los creadores mexicanos.

La otra; no hay industria mexicana discográfica, incluso la todopoderosa Ocesa pasó a ser comprada (51%) por Live Nation.

Así las cosas, vale la pena reflexionar sobre la enorme oportunidad que perdimos de conversar sobre lo que debe ser el desarrollo artístico y creativo de las industrias culturales de nuestro país, de los derechos humanos, culturales, económicos, políticos y sociales alrededor de los creadores.

Afirmo: ¡Que Viva el rock mexicano! ¡Que viva el recuerdo del festival! y que se siga conversando sobre Avándaro.

*Carlos Lima es investigador sobre la preservación del patrimonio cultural, derechos humanos y culturales. Síguelo en: 🐦@charlylima

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