Cuando los amigos se van

Por: Carlos Lima*

El miércoles 20 de enero murió a consecuencia del Covid-19, Mario Gutiérrez, guitarrista director, fundador, chileno, propietario de Los Ángeles Negros, grupo que destacó en la época de los 70´s gracias a temas como: “Murió la Flor”, “Y volveré”, “Como quisiera decirte”, “Debut y despedida”, “Ayer preguntaron por mí”, “Mi niña”, “Déjenme si estoy llorando”, “Esta noche la paso contigo”, “A ti”, “Si las flores pudieran hablar”, “Cuando tú te vayas”, entre muchas más.              

En junio pasado me pidió alguien muy especial para mí que escribiera de política, reflexioné la importancia de narrar sobre “el creador”, su vulnerabilidad, al final culpa de la política pública, lo acepté Los jueves me publican esta columna, he tratado de innovar algunas cosas que no sé si en el futuro prevalezcan, pero ha sido terapéutico, reconfortante, lúdico, gratificante, amoroso reencontrarme con mi oficio.

Imagen: Carlos Lima (Mario Gutiérrez, segundo de derecha a izquierda, al sumarse a la campaña «Tápate la boca»)

Por mi mente pasó escribir algo de Mario y de otro gran amigo como lo fue Juan José Caballero, bajista, fundador de la Tropa Loca, podría llenar hojas y hojas completas no solo de su trayectoria, sino de el camino que recorrimos juntos. Más de 30 años de reconocernos en las buenas, las malas y las peores, pero me resistía a hacerlo pues sabría sería doloroso; los recuerdos a los que estoy vinculado son muchos, pero con llamadas varias me han pedido escriba sobre ellos, es justicia mínima hacerlo.

Mario vivía una condición muy diferente a la de los creadores narradas anteriormente en este espacio. Él era un músico con una visión empresarial versátil, no dependía de los ingresos financieros de su grupo, él diversificó su economía e inversiones, se asentó en la Ciudad de México en las últimas décadas, pues el éxito era más notable aquí que en algún otro lugar, incluso en su país, Chile, cumpliendo el refrán “nadie es profeta en su tierra”.

Imagen: Carlos Lima (Juan José Caballero, bajista de «La Tropa Loca»)

En el 2015 le pedí a José Antonio Hernández hablara con Mario, que me acompañara a hacerle un homenaje a José José digno en la Arena Ciudad de México el 18 de octubre del 2015, con más invitados, pero en el cartel de manera estelar “el Príncipe de la Canción”. Los Ángeles Negros y la Sonora Santanera de Carlos Colorado, cobró un menor precio para que el evento sucediera, aceptó participar en una campaña denominada “Tápate la Boca”, para incidir en las comunidades indígenas que bordan textiles a usar el cubrebocas. Un hombre solidario.

Mario sabía simplificar su vida, sin prisa, sin rencores, sabio. Sabíamos los cercanos que su esposa Catalina estaba muy enferma, se esperaba lo peor, pero no esta impresionante historia de amor, es prácticamente la letra del tema “Cuando tú te vayas”, que dice así: “Cuando tú te vayas, llévame contigo, sin ti no soy nadie, yo me quedo ciego, pierdo los caminos, cuando tú te vayas, llóralo conmigo, a pesar de esto, al final del viaje, viviré en tu olvido, si me ves tranquilo, si, alguien me lo ha dicho, sí, soy el elegido pa vivir contigo o morir en ti, y espero en dios que no maldigas este amor al recordarle, y espero en dios tu corazón se vuelva un nido de nostalgia, donde pueda refugiarme y espero en dios que nunca tengas un motivo para odiarme verdad de Dios mejor me arranco el corazón que tener el sacrilegio de engañarme, nuca te me vayas, no, yo me iré contigo” Catalina Álvarez, “Caty” murió a los pocos minutos que Mario “yo me iré contigo”, .

Mario vivía en Reforma 222 edificios que tienen una plaza comercial en los mezanines. Como buen músico desayunaba normalmente al medio día en el Sanborns, me lo encontré muchas veces acompañado de mi hijo, almorzaba a esa hora después del ejercicio, sabía que si asistía en ese horario me encontraría a los dos, a Caty con Mario, nos saludamos siempre con cariño, afecto, respeto e incluso juntábamos las mesas.

De Juan José Caballero, puedo decir que siempre existieron gestos solidarios, de cariño, reconocimiento, admiración mutua, de voz ronca hacia honor a su apellido, por casi cinco años viajamos por el país haciendo eventos para una compañía de leche afuera de los centros comerciales, garantía de éxito, “Un sueño”, “La batalla del 5 mayo”, “Suena tremendo”, “De rodillas ante ti”, “Una vieja canción de amor”, “Cándida”, “Molino al viento”, “He perdido”, “Mi plegaria” podrían tocar una hora completa con puros éxitos, considerados por los periodistas de los 70`s como los Beatles mexicanos.

Competíamos por reconocer los mejores lugares para comer o tomar café en las ciudades que visitábamos, me encantaba trabajar con ellos, pues siempre que pude les agradecía en el escenario su amor incondicional, en el ambiente grupero se estila que cuando alguien pasa por una adversidad los artistas van a tocar “gratis” a donde uno les pida, por supuesto ellos no cobran, solidariamente regalan su salario al más necesitado, en 2003 tuve un fuerte accidente automovilístico en el que perdí el codo derecho, hecho que marcó mi vida, ellos consternados no sabían cómo apoyarme; tanto Federico como Juan, los dos fundadores me suplicaban aceptara su ayuda, querían hacer algo por mí.

Si en esta adversidad en la que el gremio musical pudiera trabajar, seguro estoy que estaríamos haciendo el todo los unos por los otros. Juan tuvo la muerte de los justos, se infectó del virus, no supo, murió dormido en su casa.

Utilizo mis anécdotas, mis historias, pues me parece son reflexivas, lúdicas, transportan a lugares comunes, circunstancias similares, de las cuales como mexicanos todos padecemos, sufrimos igual, lloramos, nos enfermamos, igual que todos, somos vulnerables social, políticamente, culturalmente; nos enfrentamos a las mismas adversidades para hacer prevalecer la justicia, el 95% de los músicos no cuenta con seguridad social. Cifras oficiales del INEGI, arrojan que en los últimos tres lustros el crimen organizado nos trae jodidos, “chingan, joden, mortifican”.

No he tenido el valor de llamar a Federico Espinoza compañero y socio de Juan, amigo de Mario (Ángeles Negros), de Walter Torres (Acapulco Tropical), Ray García (Chicanos), Ray Espinosa (Campeche Show), Dulce Rosario (Sepultureros), Andrés Terrones (Santanera), de tantos que han partido en medio del abandono e indiferencia social y política.

Mario, no será igual ir a Reforma 222 sin esperar coincidir, es más, no sé si vuelva a ese restaurante.

Juan José… ¡no me jodas! Ya no nos encontraremos en las carreteras, estaciones de radio; tenemos recuerdos comunes, historias de vida, de amor, me duele tanto lo que no hicimos, del último café acordamos mucho; no hicimos más que coincidir, benditas coincidencias.

Sin lugar a dudas se van dos músicos, grandes creadores mexicanos. Mario se hizo nuestro, ya lo decía Chavela Vargas “los mexicanos nacemos donde nos da la chingada gana”.

Se va parte de la historia musical de México, de América Latina. Nuestros padres se enamoraron con sus canciones, mi generación es fruto de la miel surgida después de la represión de los sesentas, después de todo era mejor enamorarnos que pelear, por eso siento que su música forma parte del ADN de muchos de nosotros, su música es nuestra historia. Gracias queridos, gracias amigos.

*Carlos Lima es productor musical, defensor de derechos humanos, investigador sobre la preservación del patrimonio cultural. Síguelo en: 🐦@charlylima

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: