Buscar curar el cáncer con veneno de alacrán

Con información de Reforma

MÉXICO, 28 DE DICIEMBRE DE 2020- Aunque la mirada y esfuerzos globales se encuentren puestos en el SARS-CoV-2, otros males, como el cáncer, no dejan de ser un severo problema de salud que los científicos continúan tratando de erradicar.

Como el doctor en fisicoquímica Federico del Río Portilla y la maestra en ciencias químicas Marlen Mayorga Flores, su estudiante de doctorado, quienes desde hace algunos años buscan inhibir la metástasis -la propagación de las células cancerígenas, que suele ocasionar la muerte de los enfermos de cáncer- con el veneno del alacrán rojo de la India.

En realidad, el grupo liderado por el investigador del Instituto de Química de la UNAM trabaja con una doble mutante de la tamapina, una de las toxinas más potentes de la naturaleza, y que está presente en el veneno de dicho alacrán (Mesobuthus tamulus).

Mediante resonancia magnética nuclear lograron hace tiempo determinar la estructura molecular de la tamapina, y con ingeniería genética obtuvieron grandes cantidades de esta toxina, a la cual hicieron modificaciones estructurales -las mutantes- para poder identificar nuevos efectos en las células y comprender sus mecanismos de acción.

«Generamos muchas mutantes, y resulta que cuando cambiamos dos aminoácidos obtuvimos una toxina con unas características muy relevantes», cuenta Del Río Portilla en entrevista a distancia.

El investigador explica que las células tienen muchos canales por los que pasan todos sus nutrientes: iones de sodio, potasio, cloruro, magnesio; pero también aminoácidos e incluso agua, que brindan energía a la célula para llevar a cabo sus funciones.

Algunos de estos canales iónicos son los denominados SK -canales de potasio de baja conductancia dependientes de calcio-, de los que aproximadamente hace 10 años un grupo de investigadores en la Universidad de Tours, en Francia, encontró que al inhibirlos se podría evitar la migración de células cancerígenas.

Y la tamapina, sorprendentemente, logra tal inhibición. En especial, y de manera muy eficaz, en los canales SK2; aunque no tanto así con los SK3 que, de hecho, son los que poseen algunas células cancerígenas en proceso de migración, y que detonan la fase inicial de la metástasis.

La propia Mayorga Flores, durante una estancia de investigación en la mencionada universidad francesa, identificó que un fenómeno de hiperpolarización -un cambio de voltaje entre el exterior y el interior de la célula por el paso de los iones de potasio- modifica el volumen de las células y facilita que migren.

Pero al inhibir el canal iónico de potasio, en especial el SK3 -asociado a ciertos tipos de cáncer que pueden expresarlo, como algunos de mama, piel y próstata-, no se da la hiperpolarización y, por lo tanto, la célula no migra.

«Dijimos: Bueno, si la relevancia en cuanto a cáncer está en los canales SK3, ¿por qué no usamos a la tamapina como molde para poder inhibir a los canales SK3, que son los que se sabe que promueven la migración? Si tú bloqueas al SK3, entonces ya no hay migración», remarca Del Río Portilla por teléfono.

Con tal objetivo de bloquear más eficientemente estos canales para impedir la migración de células metastásicas, los investigadores mexicanos desarrollaron la doble mutante. Misma que, de acuerdo con las pruebas en líneas celulares que Mayorga Flores realizara en Francia, es exitosa en su cometido hasta en un 70 por ciento.

«Nosotros con esta doble mutante, y con otras mutantes que tenemos, sí inhibimos la migración de las células cancerosas que tienen los canales SK3», subraya el investigador del Instituto de Química.

«El producto natural tamapina no inhibe la migración; nuestros desarrollos, sí. Esta es la parte importante porque nosotros la concebimos, y pudimos bloquear justamente estos canales, que ahora evita que estas células que son metastásicas ya no se muevan».

La gran posibilidad de todo esto es el eventual desarrollo de un fármaco que precisamente inhiba la migración de células metastásicas para tratar a los enfermos en fases graves de algunos tipos de cáncer, el cual podría funcionar de manera complementaria a las quimioterapias que actualmente se aplican a los pacientes.

«En las quimioterapias no inyectas un solo compuesto, sino dos o tres. Entonces, a la par que metes el agente citotóxico que va a matar a la célula (cancerígena), puedes meter uno que la inhibe. Así, si no la mata, la inhibe y ya no crece, para que en el siguiente tratamiento ahora sí llegue (el agente citotóxico) y la mate.

«El día de ayer recibí un correo de una persona que dice que la quimioterapia no le funciona. Entonces, tienes que mandar ya todo un ejército dirigido (a diferentes blancos) para hacer que funcione la quimioterapia», enfatiza Del Río Portilla.

Pruebas y patentes

Los científicos responsables de esta investigación, cuyos resultados se publicaron en julio de este año en la revista especializada Medicinal Chemistry Letters, de la Sociedad Americana de Química, iniciaron en septiembre pasado el proceso para obtener la patente nacional de su desarrollo.

Lo siguiente, precisa el doctor en fisicoquímica Federico del Río Portilla, es continuar con las pruebas para mejorar el bloqueo sobre el canal SK3, haciendo que la mutante sea más selectiva.

Asimismo, impulsar el arranque de las primeras pruebas en animales.

«Estamos ahorita viendo la manera, un poco detenidos con la pandemia y con falta de dinero también, de empezar ya con pruebas en animales. Inducir en animales el cáncer metastásico, y ver y probar qué es lo que ocurre con el animal (al inyectarle la tamapina mutante)», detalla.

Etapa preclínica que, al igual que con cualquier otro fármaco o incluso las vacunas -como se ha visto a lo largo de este año con las desarrolladas contra el SARS-CoV-2-, se debe llevar a cabo para comprobar el correcto funcionamiento de la tamapina mutante.

Para descartar, por ejemplo, que ésta no atraviese la barrera hematoencefálica ni actúe sobre las neuronas del cerebro.

Del Río Portilla confía en la potencial aplicación de la tamapina en humanos, en tanto ha sido patentada en otros países para resolver otro tipo de afecciones. Como en Corea, donde es utilizada como tratamiento para el Trastorno por Déficit de Atención.

«Hay aplicaciones de esta toxina en el mundo. Entonces, quiere decir que sí han hecho pruebas en seres vivos y tiene futuro para poderse aplicar», estima.

Pese a tener muy clara la ruta que su investigación debe seguir, Federico del Río Portilla y Marlen Mayorga Flores enfrentan, como la mayoría de científicos en este País, el gran obstáculo de la falta de recursos.

«Tener ratones en las condiciones adecuadas para poder probar la toxina en contra de los cánceres que tú quieres requiere dinero», apunta el doctor en fisicoquímica.

Es menester un gran apoyo en materia de financiamiento, sin el cual es casi imposible avanzar, añade Del Río Portilla, quien contrasta con lo ocurrido este año con las vacunas para Covid-19.

«Una vacuna a la que todo el mundo le metió miles de millones de dólares para que funcionara para miles de millones de personas, y está tardando un año. Este proceso (de la tamapina mutante), sin dinero, tardará muchísimo más», sostiene.

De parte del Estado tan sólo consiguió apoyo en 2012, con lo cual se pudo sacar adelante el proyecto para determinar la estructura molecular de la tamapina. «De ahí para acá, no he podido convencer a Conacyt para que me apoye», expresa el científico.

Este año lo volvió a intentar, atendiendo una convocatoria de ciencia de frontera, cuyos recursos serían utilizados para generar toxinas con mejores blancos terapeuticos, aumentar el bloqueo del canal SK3 e inhibir más eficazmente la migración de células metastásicas.

Sin embargo, el organismo que dirige la ecóloga María Elena Álvarez-Buylla decidió no apoyarlo. Ni siquiera por una razón científica, sino por un tema administrativo relativo a que Del Río Portilla no habría presentado la información del plan de trabajo en el sistema de captura en línea como indican ciertos términos de referencia.

«Si te fijas, esto no es una cuestión científica, no es una cuestión académica. Esto es una cuestión de administración, en donde tenemos poco dinero y los proyectos tenemos que limitarlos con estas cuestiones administrativas», lamenta el investigador del Instituto de Química de la UNAM.

Una lástima, en tanto el proyecto de ambos científicos podría potencialmente derivar en un fármaco complementario para el tratamiento de enfermos de ciertos tipos de cáncer.

Razón por la cual Del Río Portilla no ceja en los esfuerzos de sacar adelante un desarrollo por demás prometedor.

«En ese sentido, sí estoy confiado en que podremos tratar de contribuir en algo a un problema que tenemos de salud en todo el mundo», concluye.

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