El cuerpo se va, las canciones quedan… eternas

Por: Carlos Lima*

Ayer martes 18 de noviembre del 2020, a las 8:00 de la mañana murió de un paro cardiorrespiratorio derivado por el SarsCov19, con enfermedades preexistentes como diabetes e hipertensión, Raymundo Espinosa Arrieta, de Tlalpizahua, Estado de México, con 61 años de edad. Hasta aquí podría ser uno de los más de 100 mil decesos documentados por el gobierno mexicano por la pandemia.

Pero si le menciono canciones como “El santo del Amor”, “El noveno mandamiento”, “Ella quiere novio”, “15 Primaveras”, “Alto esto es un asalto”, “Porque no fui feliz”, “Un poco amantes un poco novios”, “Corazón de madera”, “Ríe payaso”, inmediatamente se remontará a finales de la época de los 80´s principios de los 90´s; e incluso va a “tararear” alguna.

“Ray”, como le decíamos todos, era el cantante, intérprete, creador de estos éxitos que junto al Campeche Show logró generar una marca auditiva que hizo historia en millones de hispanoparlantes.

Ray fue intubado el lunes por la tarde, palabra de difícil pronunciación que no presagia buenos augurios. Me conmocionó saber que de inmediato en las redes sociales se generó una cadena de oración por su pronta recuperación.

El desenlace ya lo narré.

Imagen: Excélsior

La historia de este artista es la de muchos que al morir, el resultado económico de su obra queda a la deriva, definitivamente su familia no podrá vivir de su legado, de eso estoy seguro.

Con Ray me acompañan historias, anécdotas, giras nacionales e internacionales, siempre nos mantuvimos distantes, pero con mucho respeto, los vocalistas en la mayoría de las ocasiones están acostumbrados al buen trato, son la imagen de los grupos, son a quienes los periodistas quieren entrevistar, son los que aprenden más rápido a caerle bien a la cámara.

Lo que hace difícil desacostumbrarse al buen trato, al reflector, pero ese cariño y reconocimiento del público solo se da pocas veces, resultado de la voz tan peculiar y en su caso, a la forma en que interpretaba las cumbias. No habrá otro Ray. compartimos los alimentos, existía un reconocimiento, respeto al trabajo de cada uno, un cariño distante, una resistencia de mi parte para traerlo a tierra, una exigencia de él a que fuera un trato diferenciado que nunca logró percibir, pues si existía, lo tenía; nunca pudimos concebir un proyecto con su música sin su voz, nunca nada sin él. Cedimos siempre a sus exigencias, claro, sin hacerlo patente, no podíamos perder las batallas en el discurso.

“Pinche Ray”, dejas muchos huérfanos, muchos dolientes, muchos alumnos, sueños, deseos, canciones, whisky, bohemiadas, giras, cafés de madrugada, tortas de tamal…aplausos, abrazos, amor, cariño, coros, escenarios, berrinches… vete libre, vete rápido que con tanto dolor, ausencia, desesperanza nos dejas en la orfandad, y en una de esas te quedas penando en el inframundo, viéndonos sufrir, peor aún, cantando de la chingada tus canciones, pues de algo debes estar seguro: el show continua.

¡Gracias maestro!

*Carlos Lima es productor musical, investigador sobre la preservación del patrimonio cultural, derechos humanos y culturales. 🐦@charlylima

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