“Je t’aime Juliette Grecó” A la diosa del existencialismo

Por Alexandro Guerrero

Juliette Grecó nació el 7 de febrero de 1927 en Montpellier  junto con su hermana Charlotte, creció cerca de Burdeosn vivió años en caso de sus abuelos. Tras la separación de sus padres tuvo una infancia algo triste. Siempre expresó esa tristeza a través de la canción. Fue en la Segunda Guerra Mundial que tuvo que huir junto a su familia a una pequeña propiedad que era un paso para aquellos que pertenecían la resistencia. En 1943, su madre y su hermana fueron acusadas y deportadas por la Gestapo, tres semanas son las que pasó Juliette Grecó en la cárcel en Fresnes, tenía entonces 16 años. En su autobiografía  “Jujube” que aparece en 1983, cuyo título hace referencia a su apodo de la infancia, ella narra lo terriblemente violento que fue recordar todo aquello.  Su vida fue definida por ella misma como: pasión, combate, amor y una intensa alegría.

93 años tenía Grecó el 23 de septiembre de este 2020, en que trascendía su existencialista existencia. La diosa de la canción francesa, esa dama negra del escenario; “Rosa negra de los prados”, ella así se definía. “Soy un clown en la vida”, le encantaba reír y consideraba que para seducir, el humor es sinónimo de inteligencia, esto daba una especie de mayéutica de risa compartida.

Cuando tenían casi 20 años, se convirtió en amiga de la escritora Marguerite Duras, de Simone de Beauvoir, de Jean-Paul Sartre y, es en esos tiempos que forma parte de las veladas del cabaret “Le tabú”, son los albores del existencialismo.

Nace entonces tras los muros de los club nocturnos y tras el consejo de Sartre que Juliette se hace cantante. Vivió una historia de amor tremenda nada más y nada menos que con el genio Miles Davis, incluso, toda esa historia está plasmada en un histórico cómic de culto: “Miles en París”. Cabe mencionar sin duda, que con Albert Camus se dio otra mítica historia de amor en Paris.

Inician los éxitos a partir de los textos de Prévert, de Boris Vian, de Baudelaire, Jacques Brel, de Brassens. “Si tú te imaginas” cantaba en ese himno alucinante casi místico por cómo resuena en el culmen del género canción, la lengua francesa.

En las palabras de sus canciones encontró, “con mucha suerte” decía ella. Los ideales, la filosofía, la estética, la libertad. Se encontró en su época con la más recordada gente  maravillosa de los años sesentas, aquel mayo francés.

Posterior a un matrimonio muy corto con Philip Lumea, se consolidó su imagen y genio de mujer moderna de avanzada. Adelantada a su tiempo nunca buscó el escándalo ella simplemente, “era así” como solía repetir.

 Para 1981 cantó canciones de protesta en Chile durante la dictadura y esto hizo que fuera expulsada por Pinochet, hecho al cual ella siempre recordó como: “el fracaso más hermoso de su carrera.”

Queda inmortalizada en el cine por películas como: “Buenos días tristeza”, “El sol sale para todos” y “Las raíces del cielo.” Desde luego en “Orfeo”, dirigida por Juan Cocteau, filme que amerita otro Co Relato.

Non Monsieur, je n’ai pas vingt ans  / No señor ya no tengo veinte años

(Henri Gougaud – Gérard Jouannest)

“No Señor ya no tengo veinte años

Veinte años es la edad difícil.

No es lo mejor de los tiempos.

Lo sé, lo viví.”

Bailé sobre algunos volcanes.

Agujerado algunos zapatos.

Con mis sueños y mis tormentos,

Hice mis almohadas:

Y digo todavía hoy:

Soy como soy.

Sí, me acuerdo de los días

Cuando los días se iban

Como un sueño al revés.

Sí,  recuerdo las noches

Cuando los pájaros hablaban

bajo la pluma de Prévert.

No Señor, no tengo veinte años

Veinte años es muy poco.

Yo nunca tuve el tiempo.

De tener miedo de la noche.

Mi casa es un sol oscuro,

                                               al centro de mi cabeza.

Ahí hago yo el amor con la esperanza

Y el alma de los poetas.

Los poetas son infantiles

Niños importantes.

Sí, recuerdo cuando los días

Cuando los días se iban

Como un sueño al revés.

Sí, me acuerdo de las noches.

Cuando los pájaros hablaban.

Bajo la pluma de Prévert.

Yo Señor, cuando tenía veinte años.

Ya estaba perdida.

Perdida la tormenta entre los dientes.

Bellamente perdida.

Yo bailaba con muertos

Más alertas que los vivos.

Inventábamos la Edad de oro.

En el umbral de las mañanas blancas

Siempre he sujetado al cuerpo.

Él mismo de levanta.

No Señor, no tengo veinte años.”

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