Después de los 43, siguen las desapariciones de personas en Guerrero

Con información de Milenio

GUERRERO, MEX. 22 DE SEPTIEMBRE DE 2020.- Desde la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en 2014, Mario Vergara un comerciante en Huitzuco, Guerrero transformó su billar en un centro de atención improvisado para víctimas de familiares desaparecidos.

Años antes, su hermano Tomás Vergara fue secuestrado por hombres armados afuera de su casa en este municipio controlado por Guerreros Unidos, la organización criminal relacionada con la desaparición de los normalistas.

“Por los normalistas es que nos salimos a buscar, nos hicimos especialistas en desenterrar cuerpos, nos dimos cuenta de la tragedia y del panteón que es Guerrero, cada fosa que encontramos, cada resto que logramos rescatar, lo hago con la idea de que mi hermano podría estar ahí”, cuenta Mario.

Pese al caso Ayotzinapa, los índices de desapariciones en Guerrero aún sigue siendo preocupantes en cifras.

“Yo busco a mi hermano y en el camino he encontrado a muchos o me llega información y los muertos no me dejan vivir, si alguien me da información de que en aquel cerro hay un cráneo, entonces subo porque la gente que lo encontró no tiene confianza en las autoridades”. “Van hasta mi casa y me dicen oye el cuerpo que encontraste que características tenía a veces tiene ropa y les decimos que llevaba a veces los cuerpos tiene alguna característica, hay osamentas que tienen brackets , hay tatuajes”, explica.

En julio pasado, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación reveló que el número de fosas clandestinas localizadas en la entidad aumentó en los últimos cuatro años pasando de 113 hallazgos en 2016 a 331 casos en 2019, sin especificar el número de restos o víctimas localizadas en cada una de ellas.

Esta cifra coloca a la entidad en el cuarto lugar en el tema de fosas clandestinas encontradas en el país, “pero fuimos los primeros en encontrar restos y ello porque en Guerrero se gesta el horror”, explica Mario.

Apenas en marzo, Rubén Oceguera, hijo de Georgina Ortiz, una mujer que vente cocos en Iguala fue desaparecido en el trayecto a buscar una nueva oportunidad de empleo en una comunidad cercana a Morelos.

“Con la pandemia, el trabajo en el pueblo escaseó y en cualquier municipio de aquí cerca que esté controlado por la delincuencia no se puede trabajar si eres de otro lado”, cuenta Georgina quien visita a Mario en el bar improvisado ahora como recepción de la tragedia.

“Días después hombre me empezó a llamar y no deja de decirme que él sabe a dónde lo levantaron, quiénes se lo llevaron, como son y en qué carro se lo llevaron. Él me dice que a mi hijo nunca me lo voy a traer porque está en un lugar privado sepultado, que no está vivo, que nadie puede entrar a sacarlo que lo enterraron con una mano de fuera”.

El registro federal ha contabilizado 2 mil 938 casos de desaparición desde los años 60 a la fecha, 296 de ellos corresponden a denuncias formales presentadas del primero de diciembre de 2018 al 31 de diciembre de 2019. De ese total, 66 casos corresponden a mujeres y 52 son niños. Georgina se acercó a Mario, sólo una de las muchas organizaciones que se conformaron después de 2014.

La desaparición y búsqueda de los familiares de los estudiantes de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos en todos los rincones del estado, marcaron un parteaguas en la búsqueda de personas desaparecidas en todo país.

“Nos quitaron el miedo, ya no tenemos nada. Las búsquedas que iniciaron por los normalistas, solo hizo que abriéramos los ojos, nos hicimos peritos sin tener un documento, porque nos mueve el corazón”, explica Mario. “La peor parte de esto es que quienes desaparecen a nuestras familias, son los que deberían cuidarnos, los policías, las autoridades que desde años mantienen un noviazgo eterno con las organizaciones criminales”.

En 2019, el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU emitió 356 acciones urgentes a México por este flagelo, desapariciones que se ejercen en por autoridades, casi el 60 por ciento de esas acciones estaban dirigidas a Guerrero.

“Donde quiera esta así de feo, los policías ya no sabe uno si son sicarios o qué van a los cerros y entierran a la gente, aquí hay mucho desaparecido mucho muerto”, explica Georgina, quien el agosto pasado le intentaron entregar los restos de una persona sin la certeza de que se tratara de su hijo.

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