Por: Tania Hélène Campos Thomas

La palabra resiliencia se utiliza en el ámbito de la física para designar la capacidad que tienen algunos metales para recobrar su forma original luego de haber estado sometidos a altas presiones. Este término fue retomado hacia la década de 1970 por el psiquiatra Michael Rutter, quien lo definió para la psicología como una suerte de flexibilidad social adaptativa. Con el paso del tiempo el concepto se amplió, gracias a los estudios hechos por el etnólogo Boris Cyrulnik con sobrevivientes de los campos de concentración nazis y con niños de orfelinatos en Rumania y en situación de calle en Bolivia.

Desde entonces la resiliencia ha sido investigada como un factor decisivo para la superación exitosa de múltiples eventos traumáticos o situaciones vitales como la vejez y la enfermedad. Así, son comunes los trabajos que en este sentido elaboran psicólogos, tanatólogos, antropólogos, médicos y sociólogos, quienes buscan comprender la manera en que cierto tipo de individuos logra salir avante de tragedias diversas o vencer los obstáculos que un entorno desfavorable representa para cualquier persona.

Los estudios en torno a la resiliencia han permitido encontrar algunas respuestas sobre por qué hay gente que a pesar de vivir en condiciones extremas sobrellevan el dolor emocional de mejor forma que la mayoría. Entre los descubrimientos que al respecto se han hecho suele insistirse en que una actitud resiliente es resultado de múltiples procesos de tipo psíquico que permiten a una persona contrarrestar las situaciones nocivas; es una dinámica estrechamente relacionada con el equilibrio emocional, la idea de superación, la responsabilidad y la creatividad de los individuos, pero también con la educación que en este sentido inculca cada sociedad en los miembros que la componen. Aunque la resiliencia es una capacidad que se presenta a veces de manera casi innata, tiene un fuerte componente cultural y, por tanto, es posible aprender sobre ella y promoverla.

Una de las aspiraciones que cualquier grupo humano debiera tener es la de forjar en su seno personas emocionalmente fuertes y equilibradas. En este tenor hablar de la resiliencia adquiere importancia, pues en la medida en que podamos fomentar la superación correcta de eventos traumáticos de cualquier tipo seremos capaces de estructurar sociedades más saludables. Con ello bajarían notablemente los índices de suicidio y la presencia de enfermedades mentales, cada vez más frecuentes en un mundo que se ha vuelto narcisista y egocéntrico, donde es en verdad difícil encontrar actitudes sabias frente a los problemas que inevitablemente la vida trae consigo. Hablamos de una tarea que corresponde a todos: ¿qué hace usted para fortalecer su capacidad para sostenerse en situaciones adversas?  

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