POR SÓCRATES A. CAMPOS LEMUS

Y el niño indígena escuchó que un ladino decía refiriéndose al gobernador que este era: “puro pájaro nalgón”. Él era observador de todo lo que se movían por los montes y los valles de la zona, conocía a la mayoría de las aves y guacamayas y pericos que abundaban en la región. Veía a los gavilanes y las águilas y a los zopilotes cuando volaban en círculos para bajar a la carroña. Conocía perfectamente los escondites de las tuzas y los armadillos y conejos y liebres y sus zonas de comida, veía de lejos a los venados y a los zorros, coyotes y perros de monte, a veces, estaba seguro que veía a los Nahuales y de cómo se disfrazaban para espantar a los curiosos, conocía de plantas y hierbas comestibles que recogía para llevar a casa con su madre y abuela que quedaron como las jefes  de familia, mientras su padre Baldomero andaba por los campos de tomate y en las piscas de algodón y la recolección o siembra de fresas y manzanas y naranjas y cuando llegaba le contaba de cómo se debería de agachar para recoger las frutas y verduras y de cómo conocer las que estaban al punto para la cosecha, igual que como conocía cuando el café estaba en el punto rojo y de cómo cortarlo para llevarlo a secar y lavar o de cómo recoger el plátano de seda que de vez en cuando encontraba en los montes o los zapotes negros o blancos y los mangos y las nueces, en fin, por eso cuando escucho que “era puro pájaro nalgón” su mente recurría a los recuerdos y no encontró pájaros con nalgas, es más, todos, eran desnalgados, hasta que pregunto a un maestro de rancho qué querían decir con eso y él le explicaba que era lo que decían a las gentes que presumían lo que no tenían…y así entendió que el gobernador Gabino Cué no era eso que decían, él sí que tenía dinero, mucho dinero, él conocía a los rancheros que trabajaron en sus casas y le contaban de cómo llegaba su compadre el Jorge a dejar las bolsas de la lana y de cómo las llevaban a las camionetas y las depositaban en casa de un banquero para que este la lavara, y él no entendía el por qué hay que lavar los billetes, si aunque estén sucios valen mucho, más cuando no se tienen… pero en fin, ese sí que era un buen “pájaro nalgón”.

Lo que no entendía era la razón por la que Diosito, que decía su abuela Martina quería a los más pobres, los tenía tan jodidos en los montes y ni siquiera tenían para los huaraches y los cuadernos, ni para tener para la Clayudas ni el tasajo que tanto le gustaba mascar y mascar hasta sentir que ya no tenía sabor la carnita, ni siquiera en las ferias del pueblo se podían dar el lujo de subir a los juegos porque todo lo ahorraban y cada peso y centavo era sagrado, porque decían que cuando regresara su padre dedicaría algunos meses a la albañilería y les construiría una casita de material, y bueno, le enseñaría a hacer la mezcla y a pegar tabiques y poner tejas. Pues sí no entendía por qué unos estaban jodidos y otros inmensamente ricos y así entendía que para ser rico, como los viejos del pueblo que eran ricos, también deberían ser políticos y andar cerca del gobernador y sus achichincles y de los jefes del partido y del cura y del banquero y de los ricos comerciantes y de los que compraban las cosechas, solamente así, esos que no hacían casi nada se convertían en ricos y era que como el pájaro nalgón, todo lo que tenían de riqueza se la han robado, y así le surgió la duda del por qué ellos si podían robar cuando a un jodido que se llevaba una gallina para comer o robaba un chivo o se metía a una finca a tomar plátanos o aguacates para llevar, lo metían a la cárcel y le cobraban multas de miles de pesos o lo tenían trabajando de gratis en las fincas de esos ricachones y políticos, sin paga alguna hasta que cumplían y los daban libres, esos jodidos no eran pájaros nalgones, eran “pájaros de cuentas” como decían los topiles y policías que les cuidaban.

José Guadalupe, así se llamaba el niño, porque nació un día doce de diciembre en el día de la Guadalupana, y Lupe le decían en su casa y en la escuela y le respetaban sus compañeros porque era fuerte como un toro y valiente como pocos y entendió que debería de estudiar como decía el maestro que llegaba tres días a la semana y de pronto se perdía, porque decía tenía que ir a su casa y el camión solamente pasaba dos veces a la semana, leía cuando cuidaba a los chivos y se sentaba en las piedras y llevaba el libro de historia y de literatura y se fue formando, leía mucho, pero también decía discursos cuando no lo escuchaban en el monte más que los chivos y las ardillas.

Allá, más para el cerro, no se metían, no buscaban porque no tenían permiso de los catrines empistolados que decían sembraban la mota y las flores de amapola, por eso, cuando pasaban en sus trocas nuevecitas les hacían caravanas los ricachones y los políticos del pueblo y los policías y topiles casi casi les besaban las manos, y un día, estando cerca del restaurant de doña Meche porque llevaba una gallinita para venderle, esos ricachones estaban cenando y le encargaron ir a comprar una botella de mezcal y unos cigarros y llevar un recado a la casa de topil mayor y Lupe, pues como era servicial lo hizo con agradable sonrisa y eficiencia y al regresar con los encargos ellos le dieron una buena feria, le cayó bien a uno que al parecer era el jefe y este le dio dinero para que comprara pantalón y camisa y zapatos y chamarra y le dijo que estuviera pendiente para cuando pasaran porque le encargarían unos mandados y Lupe ganó su primera feria, la llevo con su nana y con su abuela y ellas sorprendidas aceptaron. porque eran gentes inocentes y de buenos instintos. decía el señor cura.

Un día en que andaba por los montes cuidando a los chivos y leía vio que venían unas camionetas llenas de soldados y policías y se le acercaron para preguntarle para donde se podía llegar al rancho de los traficantes. y él entendió que sus nuevos amigos estaban en peligro y los mandó para el otro lado y corrió a donde ellos estaban y les avisó de lo que sucedía. y uno de ellos salió en la camioneta con un buen fajo de billetes y convenció a los soldados y policías a olvidarse del asunto. y Lupe recibió una buena muy buena feria, y así dejo los sueños de ser político y los cambió para ser “malandrín” y llegó a ser el mero mero, señor de los pájaros nalgones, con mucho dinero y poder, así se torcieron los caminos en la zona del Edén que era su pueblo, allá en la Sierra Norte, y comenzó su historia y salieron los corridos de su historia. Por esto, en la región, se conocía el corrido del pájaro nalgón, que le hacía gracia y sonreía…

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