Por: Carlos Lima*

En días recientes han sorprendido varias manifestaciones en la Ciudad de México, hechas al presidente de la República, las cuales son más recurrentes por parte de los artesanos a quienes, en este espacio siempre los hemos identificado como creadores.

Sus exigencias se derivan principalmente de los lugares para comercialización cerrados, sin mencionar que son relativamente pocos, así como la nula exposición digital de sus piezas, lo que sin lugar a dudas, provoca que este grupo, que además concentra una gran población indígena, esté padeciendo terriblemente la crisis ocasionada por el Covid-19.

Pero además, debemos agregar que uno de los negocios más violentados por esta emergencia sanitaria es la industria turística, que algunos expertos han señalado llevará varios años llegar a los niveles que teníamos de visitantes, previos a la pandemia. Esto es importante pues al tener poco flujo en los aeropuertos, destinos turísticos, centros comerciales y mercados artesanales ya reabiertos, todos los sectores tendrán fuertes disminuciones o desplomes catastróficos en sus ventas.

Si bien esta condición es mundial, la creatividad con la que los diversos niveles de gobierno lo enfrenten hará a diferencia para que los estragos sean los menos posibles. Los municipios deben integrarse de lleno a la era digital, buscar alianzas para exponer sus productos a nivel mundial, acercarse a los connacionales en el extranjero.

Los gobiernos de los estados deben en lo inmediato buscar espacios donde puedan exponer y vender, generar una idea como e2l día semanal del consumo artesanal”, vestir con orgullo las prensad artesanales y típicas, los zapatos, bolsas, corbatas, guayaberas, vestidos, accesorios; capacitar a las estructuras de gobierno para que manejen este tema con sensibilidad específica, pues casi el 10% de los mexicanos está en esta actividad.      

Imagen: Dónde ir

Cabe mencionar que estas cifras no son mías. La Encuesta Nacional de Consumo Cultural de México (ENCCUM) elaborada en el 2012 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) refiere que 11 millones 791 mil 856 personas que contestaron, afirmaron haber elaborado un artesanía.

Filtrando por horas de trabajo, la cifra se reduce 4 millones, sin embargo, solo se cuestionó a comunidades con un mínimo de 15 mil habitantes, descartando pequeñas poblaciones o rancherías de nuestros pueblos originarios, lugares donde la gente es multifacética en la búsqueda de los ingresos. La encuesta tampoco especifica la artesanía derivada de productos orgánicos, y que es la que se elabora con deshechos de materiales que nos brinda la naturaleza, como las cáscaras de cocos, las hojas de maíz, las ramas de árboles, las varillas de trigo, un sinfín de productos existentes de una cultura viva como la nuestra.

El uso y aprovechamiento de los recursos naturales en el mar son otras materias primas que no están especificadas en la encuesta. Si bien se enfocaron en las expresiones derivadas de las culturas populares, hay fusiones de unas y otras de las que resultan derivaciones de consumo para los turistas.

Por la falta de certeza para el retorno a lo que se ha llamado la “nueva normalidad”, resulta apremiante observar las necesidades de este sector de creadores que tanto ha dado a México, para evitar su colapso y la depredación de expresiones artesanales de algunos municipios.

¡Que no falte ninguna expresión!… que estemos todos y todas.

*Carlos Lima es investigador, activista y defensor de los derechos culturales. Creador del concepto: México Original. Síguelo en: http://www.mexicoorgiginal.org / Facebook: México Original

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