¡QUE CONSTE… SON REFLEXIONES!

POR SÓCRATES A. CAMPOS LEMUS

Pues allá por el ojito de agua nos agarraron las prisas y los miedos, la tierra se cimbraba y rugía, se escuchó como que bufaba y todo se movía. Vimos caer muchas piedras en el camino y ni modo de parar. No sabemos qué nos espera cuando el mundo se mueve, nos espanta. Continuamos caminando y a la espera de que todos nos calmáramos.

Nos latía el corazón y pensábamos mucho en los hijos y en la vieja, allá en el pueblo y sin saber de ellos.  De por sí es difícil que agarren señal los teléfonos, hay que moverse en las casas y los patios o ir a los montes altos para ver si jalan. Ni modo que los hijos o la vieja salgan con el temor.

 Se caen los alacranes y ciempiés de los techos de paja o de lámina, rugen las láminas de metal que ahora cubren las casas y, seguro porque ya lo vide, el piso que pusimos de cemento en el cuarto de enfrente se rompió, ha de tener ahora grietas.

Bien le decía yo al maestro albañil que deberíamos ponerle algunas varillas, pero él dijo que no, que así lo hacían y que no tenían varillas en eso del piso firme. Nos dieron diez bultos de cemento, pero yo me fijé que pusimos la huella en un papel que decía treinta, porque no sé leer pero conozco los números y no me hacen tan tonto. Al final, los tomabas o te jodías, y pues ahí están las consecuencias.

Puro negocio para unos cuántos. En los mismos carros donde llegaron los bultos de cal y cemento se volvieron a montar los bultos que no nos dieron. Dicen que los vendieron allá en las tiendas del pueblo, que ahora acaparan todo, que hasta tienen varillas y cemento… y nosotros, penas y grietas, todo mal hecho…

Ya se calmó la tembladera. Se rodaron muchas piedras en la movedera y en algunas partes se tapó el camino. Ya veremos que con el cuento del tequio a todos nos van a ocupar para trabajar gratis en el arreglo del camino, y eso que nosotros ni usamos.

Este camino lo usan los que tienen trocas y camiones. Si queremos viajar, nosotros tenemos que pagar y pues no tenemos. Ellos no hacen nada, esperan a que lleguen los políticos de Oaxaca y les hacen fiestas, matan chivos y marranos y los agasajan. Todos ponemos algo para que se hagan las cosas, pero nada más el presidente municipal y las autoridades se quedan tragando y chupando con ellos. Mientras nosotros nomás miramos, como los perros del carnicero que se lamen el hocico cuando ven el tasajo, pero no les dan ni pellejos porque ahora todo se vende.

Como ya vienen los tiempos de elecciones, los políticos están muy solicitados, se dan importancia, llegan medio borrachos, a medios chiles, y dicen que andan “trabajando”. Dicen que van a hacer relaciones porque si no tienen relaciones nos dejan sin nada en los repartos.

Yo escuché (un día cuando no me pelaban porque creían que estaba borracho y durmiendo, pero no) que ellos platicaban con los del partido y decían que les darían miles de pesos, que por cada voto tenían que darles a cada uno quinientos y que ellos se quedaran con otros quinientos.

Así ahora se entiende que el presidente municipal en poco tiempo chuleó su casa, hasta camioneta compró y puso tienda.  En vez de ser sencillo como lo era, se volvió un “diablo”, alzado y duro, cabrón para mandar y chingón para chingar. Decía bien mi tata que el dinero pone cuernos y los hace diablos.

También dijo eso el presidente hace unos días. Yo lo escuché porque andaba en Oaxaca y estaba parado frente a un restaurante viendo, sólo viendo, con ganas de que invitaran para un taco o una torta, pero nada. En la televisión salía el presidente y decía que el dinero lo carga el Diablo, al igual que las pistolas, y que por eso las madres (a los padre no los mencionaba) deberían pedirle a sus hijos que se portaran bien. Y uno dice pues sí, todos respetamos a las madres, pero ellas están esperando más bien que nosotros, nos portemos bien o mal, les demos algo para los frijoles y las tortillas, y pues así, ni caso hacemos.

Habló también el presidente de que estábamos en una enfermedad (le llama la pandemia) que se está cargando a miles de gentes, que en el mundo hay muchos pero muchos muertos. Dicen que esa enfermedad vino de China porque allá comen murciélagos como esos que abundan en las cuevas de los cerros y se parecen a los ratones. ¡Ya ni chingan!, de ahí se enfermaron todos y nos jodieron.

Dicen que debemos taparnos la boca y lavarnos las manos, y comer frutas y verduras… Cuando oí eso me reí, pues ni agua del ojito de agua tenemos, sólo la tienen los que la mercan con el presidente municipal, los riquillos, no los jodidillos. Las verduras ni las vemos, en el rancho no se mercan y no vamos al mercado de Tlacolula a comprar, más bien vamos a vender lo poquito que tenemos, si es que vendemos.

La verdad no entiendo el mundo que vivimos, solamente muertos y desgracias y temblores. Pero hay gente que ayuda: cuando voy a Tlacolula me da gusto visitar al doctor Noel, ¡es cosa fina!, te atiende y no te cobra si no tienes, y si puede o tiene, pues te da las medicinas, es jalador con los jodidos.

El doctor Noel sabe de nuestras necesidades porque su hermano era un buen líder.  Yo lo conocí cuando Heladio gobernaba. Ahora, el que cae bien también es Alejandro, el gobernador, es joven pero sabe que sabe y le entra. Los que lo conocen dicen que es sencillo, que sabe entender y atender a la gente.

Así sí da gusto toparse con los políticos, no como esos que ahora se creen que son muy importantes cuando no hicieron nada, pero eso sí, bien que se pegaron a las tetas del presupuesto para mamar, porque dicen que cuando hay, hay que tomar… y en eso andan.

La verdad hay veces que no les entiendo, dicen cuando andan jodidos que son de los nuestros, pero cuando llegan a tener poder son de los otros, y se alzan, se esponjan como guajolotes o pichones en celo, andan como perros en brama y siguen olfateando donde hay dinero, y lo sacan por las buenas o las malas.

Así no es lo que se debe hacer. Los que mandan deben obedecer, eso decían los viejos, no mandan para mandar, mandan para entender lo que todos queremos, no para hacer sus cochinadas y robarse el dinero. Ahora que vengan el presidente y el Alejandro, pues a ver si no me chiveo y les cuento lo que sucede con muchos de esos que andan muy cerquita, pero no para ayudar, sino para chingar… y chingan, eso sí bien, muy bien.

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