El espejo de Freud (segunda parte)

Por: Tania Hélène Campos Thomas

¿Ha escuchado alguna vez eso de que “lo que nos choca, nos checa”? En efecto, cuando las actitudes o características de otras personas nos resultan verdaderamente insoportables, de un modo visceral y poco lógico, exagerado, casi siempre se trata de una proyección: vemos en el otro algo de nosotros mismos que nos repele tanto que ni siquiera podemos aceptarlo como nuestro. Sin embargo, en algunas relaciones afectivas eso que no nos gusta de nuestra manera de ser es lo que nos atrae en el otro, dando lugar a nexos sumamente destructivos donde lo que prevalece es la ambigüedad de sentimientos, amor y odio se entremezclan peligrosamente.

Parece que lo más importante es, cuando somos adultos, afianzar nuestras relaciones sociales (de pareja, amistosas, laborales, familiares, etcétera) en vínculos saludables emocional y psicológicamente desde nuestra niñez. Pero esto no siempre es posible y ahí es cuando debemos considerar algunas estrategias para modificar los patrones aprendidos durante la infancia. Una de estas estrategias es lo que, a falta de un mejor concepto, llamo aquí “el espejo de Freud”: observar atentamente, a nosotros y a los demás, con la intención de localizar aquellas cosas que nos gustan o no de quienes somos, de quienes creemos ser y de quienes deseamos ser.

Hacernos preguntas es primordial para conformar una auto imagen adecuada y para reubicar en su justa dimensión los vínculos con las personas que nos han rodeado desde niños: ¿qué cosas nos gustan de nuestros padres?, ¿qué características de ellos (como personas y de sus relaciones como pareja, como progenitores, como amigos, etcétera) son valiosas para nosotros y cuáles no?, ¿cuál es la imagen que tenemos de nosotros mismos?, ¿cómo nos relacionamos con quienes somos?, ¿cómo nos dijeron que éramos o que debíamos ser? Escriba diez cosas que le dijeron cuando era niño y piense con tranquilidad cuáles de ellas son realmente ciertas, y cuáles ha creído usted durante mucho tiempo sin que en realidad fueran de ese modo. Le aseguro que se sorprenderá con el resultado.

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