¡QUE CONSTE… SON REFLEXIONES!

POR SÓCRATES A. CAMPOS LEMUS.

         PRIMERO fueron llegando los topógrafos, nos daban bola, invitaban las cervezas que estaban calientes y pagaban bien a las señoras que les daban de comer o lavaban la ropa, los que cargábamos los triques pues ahí la llevábamos y bien pagados por casi no hacer nada, ellos estaban en sus cosas y nosotros al principio les veíamos y no entendíamos pero dejábamos que se fueran haciendo costumbre,  en el campo todo es costumbre y tradiciones, sirven para las historias, acá no se escribe sobre lo que va sucediendo en el pueblo, uno comenta en las pedas o las reuniones en la plaza, debajo de los árboles de naranjas o de las plantas de café que ahora adornan los jardines y las amapolas, no de las que se usan para rayarlas y sacer la goma, no, de las otras que dicen hasta tienen canciones de lo bonitas que son al moverse con el viento, no huelen pero sus colores son brillantes y hermosos,

         Hay de perros a perros, algunos flacos y pulgosos andan comiendo lo que encuentran y huelen todo buscando algo, son como nosotros cuando andamos hambrientos, buscamos hueso, no como los políticos que esos deben tener carnita y buen sabor, no, los nuestros son esos huesos roídos por todos y que andan en las calles para esperar que algún perro o rata lo tomen y o laman y les hinquen el diente, y esperan el “maíz perro” , las tortillas remojas de antes con algo de caldo, también hay los perros de rancho esos son bravos y solamente conocen a sus dueños y a sus críos con los que juegan, los de casas que están llenitos y con el pelo reluciente y huelen bien, no huelen a perro, y algunos traen, como sus dueñas, pañoletas de dolores en el cuello, y así, también, después llegaron los geólogos y entraron a caminar solos, buscando piedras, decían, y llegaban por las noches y traían aparatos y cosas con las que calaban las piedras y después pues llegaron los políticos a quitarnos las tierras dizque porque ya no se sembraría sino que todos nos volveríamos mineros, como tuzos, bajo tierra, pero cobrando siempre y teniendo, dicen, hospitales y atención médica y algo así como que les pagan cuando ya no sirven para un carajo. Algunos les dieron bola, después supimos que les dieron no bola sino lana y hasta jugaron para ser autoridades en este pueblo que es de usos y costumbres, donde todos hablan y todos votan y lo que se dice se respeta y no ganaron, pero dieron mucho dinero, y por si las moscas, comenzaron a matar a los que se les opusieron de más, sembraron la cizaña, dividieron con dinero, crearon chismes y trajeron a los policías y los políticos del centro y a muchos los metieron a la cárcel porque en sus casas dizque les encontraron armas y drogas y jodieron familias, por eso tenemos la mina, y bueno, sacamos plata, hierro y oro y no se’ cuántas cosas más, pero nosotros no vemos más que paguitos y llegan los del sindicato y nos chingan las cuotas a pesar de que no les entiendo ni me caen bien,

         A veces llegan los ingenieros, traen camionetonas y pistolas y rifles y dinero y se juntan con el cura, el doctor, el “presidente municipal”, el agente y el que maneja las tierras comunales, les hacen comidas y toman trago y les dan dinero dizque para obras, pero al final cada quién se los roba y, mientras allá en los socavones y los tiros pues andamos perdidos, lo que solamente tenemos es hambre y palas y picos y nos van diciendo dónde picar y cómo poner las rocas en los carritos de mina y ahí estamos en veces con mucho calor, en otras como si no hubiera aire, en otras el frío y la humedad, las lámparas en la cabeza y el casco y las pinches botas que nos dieron que son duras y no las usamos más porque,  la verdad, es que andamos descalzos o con huaraches y pues todo apesta, huele a miados y caca, a la hora del lonche pues puras tortillas y enchiladas frías y agua apestosa y al final pues un cigarro y al tose y tose como dicen que se han muerto muchos por la tosida y que les duelen los pulmones y que los ojos siempre están rojos por el polvo y perdemos la escucha por los tronidos de la dinamita, y al salir pues el del sindicato es el que decide quien entra mañana y quién no. Ya no tenemos tierras para trabajarlas, hay que comprar el maíz y el frijol y la calabaza y el quelite y lo que ganamos no alcanza para dar de comer a todos en casa, con la milpa pues sí, no teníamos de más pero no teníamos de menos como ahora, así que pensamos que nos chingaron, en verdad que perdimos todo por algo que no entendimos ni entendemos ya que ahora ya no somos indios ni campesinos, somos mineros, pero muy jodidos…

Hace unos días se murieron muchos sin entender por qué, dicen que entraron a un lugar donde estaba concentrado el gas y pues a chiflar faros, cuando no tuvieron cómo respirar y después se fueron contaminado por el mal del coronavirus que dicen lo traían algunos de los técnicos que llegaron hace días y que algunos tosían como mineros, pero no era así y se fueron contaminando más y contaminaron a otros y ahora es un desmadre en el pueblo, caen muertos los viejos y los chiquillos y las viejas y todos andan espantados, cuando uno trae calentura pues lo mandan a la casa, le dan algo de dinero y le dan cosas para la calentura pero cada día el dolor es brutal y se van matando y no respiran, dicen que es el mal que llegó a la capital, pero creo que en verdad es un castigo de Dios, no es lo mismo estar gozando la lluvia que todo lo limpia y alimenta, andar en el Sol, labrando la tierra y sembrando, que andar en los socavones de las minas cuando no vemos ni el día ni sabemos cuándo es día o noche.

         Llegó el gobernador y dijo que le disculpáramos por no abrazarnos ni darnos la mano pero que era para no contaminar, trajo cosas y cubre bocas y ahora todos andamos como si fuéramos rateros de caminos o de ranchos, trajo alimentos y medicamentos y camas y cosas para dar aire a los enfermos y así se fueron colocando muchos en una carpa, lejos del pueblo y atendida por enfermeros y médicos, y se llevaron a los que estaban muy mal y los comenzaron a curar y ahora, pues hay andan, algunos medios mensos pero andan entre los vivos ,y ese Alejandro Murat pues anda caminando los pueblos y lleva algo, llevó estufas que no necesitan leña y solo Sol y otras que no gastan anta leña y que ahorra mucho en palos y carbón y pues como llegó el mero mero, también llegaron los de la mina y entonces sí que se les arma, comenzaron las quejas y  pues hay siguen tratando de chingar al del sindicato y al gerente que se roban los dineros, yo no sé en qué acabaremos pero la neta es que cuando menos, ahora hay fandango porque llegaron los meros meros, unos para el bien y otros para defenderse de sus propias chingaderas… y lo bueno es que llegó el bueno, el Alejandro que es muchacho de bien…

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